Tres grandes proyectos de infraestructura podrían transformar la movilidad liviana en el norte de Bogotá: Lagos de Torca, el nuevo Corredor de la Carrera Séptima y Accesos Norte Fase II.
Aunque tienen responsables, alcances y cronogramas diferentes, su futura conexión podría consolidar un eje estratégico para bicicletas, patinetas eléctricas y otros vehículos de movilidad personal autorizados.
Para Gabriel Gutiérrez, fundador de Minca Electric, la integración de estas obras representa una oportunidad histórica: “De estas tres obras va a surgir, muy seguramente, el corredor eléctrico más importante de Colombia y de Latinoamérica”.
La afirmación es una proyección sobre el potencial de los proyectos, no una clasificación oficial. Sin embargo, las dimensiones de las intervenciones permiten anticipar una transformación importante en los desplazamientos del norte de la capital.
Lagos de Torca proyecta 140 kilómetros de ciclorrutas
Lagos de Torca es uno de los desarrollos urbanos más ambiciosos de Bogotá. Su planeación contempla cerca de 135.000 viviendas, 36 kilómetros de vías en doble calzada y 140 kilómetros de ciclorrutas.
Estos 140 kilómetros estarán distribuidos dentro de la malla urbana del proyecto, incluyendo nuevas vías, zonas residenciales, parques, alamedas y espacios públicos. No corresponden exclusivamente a la ampliación de la avenida Boyacá.
La cifra adquiere relevancia al compararla con la infraestructura actual de Bogotá. En junio de 2026, la Secretaría Distrital de Movilidad reportó cerca de 683 kilómetros de cicloinfraestructura en la ciudad. La red proyectada en Lagos de Torca equivaldría, como referencia, a cerca del 20 % de esa extensión.
El proyecto también contempla nuevas conexiones viales e intervenciones ambientales alrededor del humedal Torca–Guaymaral y de varias quebradas del norte de Bogotá.
“Lagos de Torca va a generar la ampliación de la avenida Boyacá, nuevas calles y avenidas y, para nosotros, lo más importante: la creación de 140 kilómetros de ciclorrutas”, señala Gutiérrez.
La Carrera Séptima sumará casi 12 kilómetros de ciclorruta
El nuevo Corredor de la Carrera Séptima se construye entre las calles 99 y 200 y tendrá una extensión de 11,56 kilómetros. La obra incluirá cuatro carriles para tráfico mixto, dos carriles para TransMilenio, 14 estaciones, un patio-portal para 151 buses eléctricos y una ciclo ruta continua por el costado occidental.
Esta nueva infraestructura podrá conectarse con corredores ubicados en vías como las calles 100, 170 y 183. Estas conexiones serán fundamentales para integrar con la red existente y evitar que funcione como un tramo aislado.
Sin embargo, el proyecto actualmente contratado llega hasta la calle 200. La conexión completa con el centro de Bogotá dependerá de futuras intervenciones y de la articulación con las ciclorrutas actuales.
Accesos Norte extenderá la conexión hacia la calle 245
Accesos Norte Fase II incluye intervenciones en la Autopista Norte, la Carrera Séptima y la Perimetral de Sopó. En la Carrera Séptima, el proyecto contempla una segunda calzada y el mejoramiento de la vía existente entre las calles 201 y 245, en una extensión aproximada de 4,93 kilómetros.
La intervención también incorporará infraestructura para peatones y ciclistas, lo que podría prolongar hacia Guaymaral el corredor que actualmente se construye hasta la calle 200.“La ampliación de la Carrera Séptima va a ayudar a solucionar uno de los grandes cuellos de botella en la salida de Bogotá y, adicionalmente, va a incorporar ciclorruta dentro del espacio público”, explica Gutiérrez.
Tres proyectos, una oportunidad de conexión
El verdadero potencial de estas obras no está en sumar sus kilómetros de manera directa, sino en lograr que funcionen como una red integrada.
Lagos de Torca tendrá una extensa malla interna; el Corredor de la Carrera Séptima funcionará como un eje entre las calles 99 y 200; y Accesos Norte Fase II extenderá la intervención hacia la calle 245.
Si los puntos de conexión se desarrollan correctamente, una persona podría salir de Lagos de Torca o Guaymaral, incorporarse a la Carrera Séptima y continuar hacia zonas residenciales, empresariales y comerciales del norte de Bogotá.
Para lograrlo, será necesario garantizar continuidad, cruces seguros, señalización, iluminación y mantenimiento. También deberán resolverse los puntos donde los diferentes proyectos se encuentran con la infraestructura existente.
Bogotá ya cuenta con cerca de 683 kilómetros de cicloinfraestructura y registra más de 886.000 viajes diarios en bicicleta. A esta red se sumarán progresivamente los proyectos previstos para el norte de la ciudad.
Por eso, más que afirmar que Bogotá tendrá automáticamente el corredor eléctrico más importante de Latinoamérica, resulta preciso señalar que el norte de la capital tiene el potencial de convertirse en uno de los principales corredores de movilidad eléctrica liviana de la región.
El reto no será únicamente construir más kilómetros, sino lograr que las obras funcionen como un sistema continuo, seguro y útil para los ciudadanos.